¿Qué tipo de deportistas se dan cita en los Juegos Olímpicos?
¿Qué selectivos tuvieron que superar para llegar?
¿A cuántos adversarios tuvieron que vencer para poder representar a su país?
Y sobre todo ¿Cómo lo lograron?
Estas interrogantes nos las hacemos la admirar el hermoso espectáculo que nos brindan los atletas de alto rendimiento cuando compiten contra alguien de similar grado de experiencia deportiva.
¿Qué hace a un campeón?
Es indudable que se viene al mundo marcado genéticamente para poder llegar a ser un deportista de élite. Se nace con un tipo de fibras musculares (lentas o rápidas) que de acuerdo a su predominio, favorecerá el desempeño de algún tipo de deporte.
De esta manera, quienes tengan porcentajes elevados de estas fibras rápidas o anaeróbicas, pueden destacar en deportes explosivos como carreras de 100 y 200 metros, salto de longitud (como Carl Lewis), saltos de altura o de lanzamientos.
En quienes predominan las fibras de concentración lenta o anaeróbica, destacarán en deportes de resistencia como carreras de fondo, ciclismo, etc.
Otro factor genético importante es el factor biotipo, es decir, la constitución física del deportista; si es alto puede destacar en básquetbol, voleibol, salto de altura. Si es de corta estatura, en box, remo, halterofilia (recordar al campeón turco de los pasados juegos olímpicos).
Hasta aquí hemos señalado dos factores, la estructura (biotipo o constitución) y la Histología (los tipos de tejido, fibras), falta mencionar la funcionalidad, es decir, que su organismo (músculos, corazón, pulmones) tenga la capacidad de responder alas exigencias a que lo someta el atleta, si es un Ferrari que responda como un Ferrari.
Una vez obtenida la estructura y la función adecuada, es necesaria una capacidad psicológica que implique deseo de triunfo, resistencia a las cargas de trabajo y privaciones del deportista, decisión, tenacidad, etc. es decir, una firme convicción de luchar por alcanzar el triunfo no importando los sacrificios.
Y por último, una vez con todos los factores disponibles, falta tener al individuo con la capacidad suficiente para que mediante un entrenamiento adecuado (en tiempos y cargas) lleve al atleta a su máxima funcionalidad, es decir, que logre formar al campeón con todos los recursos óptimos disponibles.
El entrenador es como un repostero que puede con todos los ingredientes realizar un excelente pastel o tan sencillo como “quemarlo”.
El entrenador es como el tallador de piedra preciosas que pule al atleta para hacerlo más valioso, “una gema”, una obra de arte, pero un mal tallador solo destruye la piedra preciosa. Por todo lo anterior podemos afirmar que “los campeones nacen, no se hacen”. Alguien puede toda una vida realizando un deporte pero si no cuenta con los factores genéticos señalados, la sola decisión no lo hará un campeón.