Instituto Mexicano de Medicina del Deporte y Actividad Física
IMMEDAF

LOS PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO Y SU RELACIÓN CON LA SALUD
Por el Dr. Marco Antonio Flores Samayoa


Las fiestas de fin de año van acompañadas, no pocas veces, de algunos excesos tanto en el aspecto alimenticio como en el de la ingesta de bebidas alcohólicas. Estos hábitos repercuten en un evidente aumento del peso corporal ostensibles a partir del mes de enero.
Es común que, quienes llevaron a cabo este ritmo de vida decembrina y también aquellos que pasaron con moderación estas fiestas, realicen una serie de propósitos para iniciar el nuevo año. Dentro de éstos se encuentra el disminuir de peso, mejorar la condición física y ésta vez, sí hacer ejercicio mientras otros sólo desean estar en forma, así como dejar de fumar o de ingerir bebidas alcohólicas.

Que bueno que se tengan estos proyectos y ojalá que los lleven a cabo, ¡pero cuidado!, el realizar actividades deportivas intensas puede ser riesgoso para la integridad física; no hay que olvidar que muchas personas tratando de obtener una buena condición física, alcanzan la muerte, pero ¿cuáles serían los lineamientos para comenzar la práctica de un deporte?
En primer lugar, se debe empezar de menos a más, es decir, hay que iniciar con poca actividad e irla incrementando paulatinamente; pero ¡ojo!, no se debe comenzar con grandes esfuerzos, ya que de ser así, éstos provocarán dolores musculares que probablemente obliguen a dejar un incipiente entrenamiento.


¿Cuánto ejercicio debemos hacer?
Es importante aclarar que se debe comenzar con un ejercicio aeróbico continuo.
Se sugiere iniciar con veinte minutos diarios de actividad que, de acuerdo con el grado de condición física, puede realizarse desde una caminata continua con periodos de reposo en caso de ameritarlo, hasta comenzar con un trote suave o ejercitarse en bicicleta estacionaria.

En cuanto a la frecuencia con la cual se debe realizar el ejercicio, se sugiere un mínimo de 3 veces a la semana, y con una frecuencia ideal de cinco días a la semana. Así mismo, se recomienda iniciar a un 60 por ciento de la frecuencia cardiaca máxima esperada y no debe ser menor a esta intensidad para que realmente se obtengan beneficios desde el punto de vista cardiovascular; pero ¿cómo conocer la intensidad a la cual debe ejercitarse cada quien? Esto es muy sencillo mediante el siguiente método: a una cifra dada de 220 se le resta el número de años de quien realiza el ejercicio, la cifra resultante corresponde al cien por ciento de intensidad de frecuencia cardiaca máxima teórica que se puede alcanzar, a esta cifra se le calcula el 60 por ciento deseado para el inicio de la actividad. Ejemplo: en una joven de 20 años, 220 - 20 = 200 (frecuencia cardiaca máxima teórica); a esta cifra se le calcula el 60 por ciento (20 x .60 = 120), luego entonces, la frecuencia cardiaca a trabajar será de 120 latidos por minuto.

Ahora bien, para determinar la frecuencia cardiaca, se realiza una palpación de algunas de las arterias del organismo en donde es posible percibir el pulso, como por ejemplo la arteria carótida ubicada en el cuello a ambos lados de la tráquea. Se deben apoyar las yemas del segundo y tercer dedo para sentir el pulso de esta arteria; no es necesario contar todo un minuto, bastan tan solo 10 segundos, se cuentan el número de latidos en este tiempo y se multiplican por seis para conocer los latidos por minuto.
Otro sitio en el cual es posible checar el pulso es en la muñeca palpando la arteria radial que se encuentra del lado del dedo pulgar, debiendo también hacerlo con el segundo o tercer dedo.
No hay que olvidar que la intensidad debe ser al sesenta por ciento puesto que, cifras menores no son benéficas e intensidades del 80 por ciento o más, pueden ser de riesgo cuando se inicia un deporte.
Conforme se va adquiriendo condición física, puede incrementarse la intensidad y esto se puede hacer cada dos semanas, además que es posible ir incrementando el tiempo del ejercicio aunque se tenga la misma intensidad.

¿Qué hay con respecto al peso?
¡Cuidado! Sobre todo las jóvenes muy dadas a llevar a cabo las dietas, la mayoría de las veces empíricas y que ponen en riesgo la salud.

Existen muchos tipos de dietas, como por ejemplo, las de frutas, las de los res días, y la de las grasas (llamadas también cetogénica), la cual lleva a quien la practica a alteraciones metabólicas muy parecidas a la de los diabéticos produciéndoles cetoacidosis, situación muy peligrosa desde el punto de vista metabólico.
Es lamentable que jóvenes universitarias con buen acervo cultural y científico, lleven a cabo este tipo de regímenes alimenticios que producen mas daño que beneficio.

Te sugerimos llevar a cabo un programa de reducción de peso basado en la actividad física y en una dieta adecuada y personalizada. No caigas en manos de charlatanes o bajo la seducción de revistas populares que no tienen nada de científicas, asesórate con un profesional para el peso que desees sin riesgos para tu salud.
La dieta debe contener todos los nutrientes que necesitas, sólo que en menor cantidad para que sea baja en calorías.

Con estos sencillos lineamientos puedes iniciar con seguridad tus propósitos de año nuevo, aunque lo ideal sería que te asesoraras con un médico que te realice un examen previo para conocer tu estado real de salud y, a partir de ese momento, comiences tu programa de entrenamiento.

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